Un mono hace mover con su cerebro las piernas de un robot

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Los especialistas de Norteamérica, con bastante experiencia en el estudio de la actividad cerebral y el movimiento, entrenaron, durante un par de meses, a dos monos para que fueran capaces de andar erguidos sobre una cinta mecánica. Para ello se basaron en el sistema de recompensa y castigo.

Cuando los animales se acostumbraron a esta postura, se les implantó una serie de electrodos en el cerebro, que permitieron grabar la señal eléctrica que producen las neuronas mientras se camina. En total, se registró la actividad de 250 a 300 neuronas.

Además de esta información cerebral, se grabaron los movimientos de las extremidades inferiores de estos animales mientras paseaban por la cinta. Para visualizar las posturas con mayor facilidad, se les tiñeron las piernas con una pintura fluorescente.

Gracias a una serie de modelos matemáticos, los investigadores relacionaron las dos clases de datos obtenidos, los cerebrales y los de movimiento. Y realizaron una predicción en tiempo real del movimiento de Idoya, uno de los dos monos estudiados. Esa señal predictiva, con una fiabilidad del 90%, será la que se envíe al robot vía internet.

Por su parte, los expertos japoneses del proyecto ‘Computational Brain’ pusieron a punto a CB, uno de los robots más avanzados que existen en la actualidad. Sus movimientos hidráulicos, su capacidad de balancearse automáticamente, lo que le impide caerse, o los sensores situados en sus extremidades son algunas de las claves de su avanzada anatomía.

Una vez ambos grupos estuvieron preparados, y siempre a distancia -una parte en EEUU y la otra en Japón-, comenzó el experimento. La mona y el robot se situaron en sendas cintas mecánicas. El animal comenzó a caminar mientras fijaba su atención en una pantalla en la que aparecían las piernas del robot. Casi a la vez, con un desfase de 200 microsegundos, CB también empezó a moverse con la ayuda de la señal que se le envió desde Nortemérica.

Tras una hora de caminata, la mona dejó de moverse pero el robot no se detuvo. Este hecho fue el más significativo. “La mona seguía pensando en el movimiento del robot -que había estado visualizando en la pantalla- y eso hizo posible que su mente lo mantuviera en marcha durante varios minutos, aunque ella misma no se estuviera moviendo”, explica a elmundo.es Miguel L. Nicolelis, principal autor del estudio y profesor de Neurobiología en la Universidad de Duke.

Extraido del artículo: www.elmundo.es
Fotografía robada a: www.elpais.com

Una respuesta

  1. buuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

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